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FLAMARIQUE Lourdes, Schleiermacher. La filosofía frente al enigma del hombre, Eunsa, Pamplona 1999, pp. 304.

fascicolo I, volume 11 (2002), pp. 174-176.
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FLAMARIQUE Lourdes, Schleiermacher. La filosofía frente al enigma del hombre, Eunsa, Pamplona 1999, pp. 304.

Friedrich Daniel Ernst Schleiermacher no es un pensador al que habitualmente los tratados de historia de la filosofía dediquen mucho espacio. Sin embargo, el sitio que ocupa en el conjunto del romanticismo alemán no es secundario ni marginal. Junto con los poderosos sistemas filosóficos desarrollados por Fichte, Schelling y Hegel, la obra de este teólogo reformado fue una de las fuerzas intelectuales que configuraron los rasgos típicos del pensamiento romántico. En los últimos años, gracias principalmente a los estudios que se han llevado a cabo en el campo de la hermenéutica filosófica, se ha arrojado luz sobre la importancia del papel que este pensador ha jugado en la génesis del pensamiento postmoderno. Paradójicamente, en ellos se nos muestra a un Schleiermacher cuya originalidad y riqueza van más allá de su doctrina acerca de la interpretación y de la filosofía de la religión, ámbitos en donde tradicionalmente se le había relegado.En esta línea de profundización, el presente ensayo de Lourdes Flamarique representa uno de los primeros intentos de abrir una brecha en el mundo intelectual de habla castellana, en donde la obra de este pensador romántico es poco conocida. Sin embargo, este libro no es una introducción al pensamiento de Schleiermacher; ni tampoco una guía a la lectura de sus obras. Se trata más bien de un análisis profundo de la especulación filosófica del teólogo luterano a la luz de la respuesta que éste da al problema de la subjetividad, es decir, a la problematización de las relaciones entre el espíritu y el mundo. En efecto, uno de los temas centrales del movimiento romántico es el esfuerzo por recuperar los originarios lazos de unión del hombre con el mundo, que el pensamiento ilustrado y racionalista habían roto. En cambio, Schleiermacher ve la aproximación intelectual al mundo y la actuación moral como dos caminos interdependientes y complementarios. La autora nos hace ver que el mundo no es para él objeto de contemplación pura ni sola materia prima para el hacer humano. Bajo ambos extremos se cela la alienación del hombre respecto al mundo, que cancela su mutua inmanencia. Los análisis de Schleiermacher acerca del saber y de la acción humanas intentan mostrar las vías a través de las que se nos revelan las misteriosas relaciones de compenetración del hombre y el mundo. De este modo, su propuesta filosófica supera la dicotomía kantiana entre las esferas del saber y de la acción. Sin la rigidez de los sistemas idealistas, en la obra de este autor se articulan y complementan la ética, la dialéctica y la hermenéutica, formando una estructura en la que se despliegan en modo armónico las relaciones que unen a los tres polos que componen la reflexión filosófica: Dios, el hombre y el mundo.El estudio de Flamarique se articula en cinco grandes capítulos. El primero, de carácter introductorio, además de ofrecer una buena síntesis biográfica y de ilustrar el eco que ha tenido su obra en las diversas corrientes que componen el pensamiento postkantiano y postmoderno, tiene como finalidad exponer el marco cultural en el que se desarrolla el pensamiento de Schleiermacher. En los capítulos sucesivos, la autora despliega la especulación filosófica de Schleiermacher en cuatro momentos. El primero, desarrolla las ideas contenidas en sus escritos juveniles, en los que se contienen en germen los tres grandes temas de las reflexiones schleiermacherianas: la ética como una teoría de la cultura (capítulo tercero), la dialéctica como unificación del saber en el sistema de las ciencias (capítulo cuarto), y finalmente, su teoría general de la hermenéutica (quinto y último capítulo). Como hemos indicado antes, no se trata de una obra de iniciación al pensamiento de este teólogo y filósofo alemán, pues la complejidad de la argumentación requiere por parte del lector una cierta familiaridad con la filosofía idealista y un buen conocimiento de los problemas que ésta ha intentado resolver.Para explicar el despliegue y la articulación del pensamiento de Schleiermacher, la autora utiliza un esquema genético-evolutivo que sigue los distintos momentos de la génesis temporal de las ideas, en constante diálogo con los demás representantes del pensamiento romántico. Por esta razón, las coordenadas de referencia de la exposición se encuentran casi por completo dentro del romanticismo y de las corrientes filosóficas posteriores que de algún modo inician su camino a partir de la experiencia romántica. Este enfoque tiene la ventaja de poner en evidencia el carácter propio y peculiar de las reflexiones de este pensador, que lo distingue de los sistemas construidos por los filósofos idealistas. Desde este punto de vista, la dialéctica schleiermacheriana no se alinea con la de Fichte, Schelling o Hegel, sino que desarrolla potencialidades diversas. En el marco de los problemas que plantean los excesos racionalistas de la modernidad, se ve con claridad que el diálogo que Schleiermacher establece con las aporías del trascendentalismo kantiano apunta en una dirección distinta de la solución propuesta por el idealismo de sus contemporáneos.Sin embargo, esta fórmula también nos ayuda por contraste a comprender mejor las características que acomunan a los forjadores del espíritu romántico. Uno de los rasgos distintivos que se delinea con claridad a lo largo de estas páginas, es el carácter inmanentista de este movimiento cultural. Desde el punto de vista filosófico, la excesiva revalorización de la interioridad subjetiva del espíritu humano corre el riesgo de caer en un latente o descubierto panteísmo —o panenteísmo— de corte inmanentista. La radicalización de la unidad entre el espíritu y el mundo tiende a cancelar cualquier tipo de diferencia ontológica o cualitativa entre el hombre, el mundo y Dios. El principio bipolar que Schleiermacher postula como totalidad no se escapa de este peligro, porque hace casi imposible el establecimiento de una distinción ontológica entre el individuo y la comunidad, y entre el hombre y el mundo, y entre estos dos últimos y Dios (cfr. pp. 145, 153, 155 y 161). Como hace notar con acierto la autora (cfr. p. 201), la concepción del lenguaje y de la verbalidad que Schleiermacher propone cierran la puerta al solipsismo, pero nos parece que si Dios y el mundo solamente son dos correlata de la única realidad que es el todo (cfr. pp. 208-9), se cierran las puertas a cualquier tipo de trascendencia ontológica. En esto podemos ver algunos puntos de contacto entre la ontología de Schleiermacher y el ideal-realismo que Schelling postulaba en los primeros años del siglo XIX. Por otra parte, la disolución de Dios y el mundo en ese todo que es también la historia (cfr. p. 214), lo acerca a Hegel y, junto con las poderosas reflexiones del filósofo de Stuttgart, prepara de algún modo los cimientos del historicismo.Esta obra puede ser de gran utilidad para quien desee establecer un diálogo profundo con los pensadores que han configurado el nacimiento y el desarrollo de la hermenéutica filosófica, aunque en algunos momentos a lo largo de estas páginas se eche en falta algunas citas más de las obras de Schleiermacher, que ayudarían a contextualizar mejor aún los comentarios y las reflexiones de la autora. FRANCISCO FERNÁNDEZ LABASTIDA